Carlos Loret dice “no”, de manera cortés, al cohecho moral de un premio…

13 noviembre 2010

¡¡Vaya ejemplo de coherencia personal les puso el joven Carlos Loret de Mola a tantos empresarios logreros, a tantos políticos acomodaticios, a tantos trepadores!! La medalla Yucatán a Carlos tenía la aviesa finaldad de contrarrestar, mediante el cohecho, las críticas periodísticas contra Ibóm escritas por su padre, Rafael, por sus tíos, Patricia y Franz y la protesta de otro tío, Pepe Patrón…¡¡Gracias Carlos por recordarnos que no todos los jóvenes yucatecos son carne de curul!!

En una carta dirigida a Renán Guillermo González, director General del Instituto de Cultura de Yucatán, el periodista expresa lo siguiente:

“Por su conducto he sido oficialmente informado de que el Consejo Ciudadano que otorga la Medalla Yucatán, que será entregada por el Gobierno del Estado en unos cuantos días, ha tenido la gentileza de postularme como uno de los galardonados este año.

“Primero que nada, agradezco al Consejo tal distinción. Sin embargo, considero que presumir y defender a mi Estado en los medios de comunicación nacionales, y portar Yucatán con orgullo dondequiera que vaya, deben ser para cualquier nacido en nuestra noble tierra un punto de partida y no una meta.

“Sé que podré hacer mucho más por Yucatán que cualquier mérito atribuible a mi persona hasta ahora, mérito que luce pálido frente a los de grandes yucatecos que en más de cuarenta años de ser entregada, han recibido la Medalla para la que se me ha postulado. Por ello, me permito respetuosamente declinar este premio. Le solicito muy atentamente que extienda mi agradecimiento a los integrantes del jurado que lo falló.

“Si se me acepta una respetuosa sugerencia, como convencido que soy del empoderamiento de la ciudadanía en la democracia moderna y sin demérito ninguno de lo que hasta ahora ha significado para sus emisores y receptores, me encantaría ver que la Medalla Yucatán tuviera de principio a fin un rostro exclusivamente ciudadano.

“Una vez más agradezco emocionado la postulación y le reitero mis respetos”.


Gabo… (José Saramago)

1 septiembre 2009

José Saramago (El cuaderno de Saramago; 3 ago. 2009)

Los escritores se dividen (imaginando que aceptaran ser divididos…) en dos grupos: el más reducido, de aquellos que fueron capaces de abrirle a la literatura nuevos caminos, el más numeroso, el de los que van detrás y se sirven de esos caminos para su propio viaje. Es así desde el principio del planeta y la (legítima?) vanidad de los autores nada puede contra las claridades de la evidencia. Gabriel García Márquez usó su ingenio para abrir y consolidar la vía del después mal llamado “realismo mágico” por donde avanzaron más tarde multitudes de seguidores y, como siempre sucede, los detractores de turno. El primer libro suyo que me llegó a las manos fue Cien años de soledad y el choque que me causó fue tal que tuve que parar de leer al cabo de cincuenta páginas. Necesitaba poner algún orden en mi cabeza, alguna disciplina en el corazón, y, sobre todo, aprender a manejar la brújula con la que tenía la esperanza de orientarme en las veredas del mundo nuevo que se presentaba ante mis ojos. En mi vida de lector han sido poquísimas las ocasiones en que se ha producido una experiencia como ésta. Si la palabra traumatismo pudiese tener un significado positivo, de buen grado la aplicaría al caso. Pero, ya que ha sido escrita, aquí la dejo. Espero que se entienda.


La cosa Berlusconi.

6 junio 2009

JOSÉ SARAMAGO (El País; 6 jun. 2009).

No veo qué otro nombre le podría dar. Una cosa peligrosamente parecida a un ser humano, una cosa que da fiestas, organiza orgías y manda en un país llamado Italia. Esta cosa, esta enfermedad, este virus amenaza con ser la causa de la muerte moral del país de Verdi si un vómito profundo no consigue arrancarlo de la conciencia de los italianos antes de que el veneno acabe corroyéndole las venas y destrozando el corazón de una de las más ricas culturas europeas.

Los valores básicos de la convivencia humana son pisoteados todos los días por las patas viscosas de la cosa Berlusconi que, entre sus múltiples talentos, tiene una habilidad funambulesca para abusar de las palabras, pervirtiéndoles la intención y el sentido, como en el caso del Polo de la Libertad, que así se llama el partido con que asaltó el poder.

Le llamé delincuente a esta cosa y no me arrepiento. Por razones de naturaleza semántica y social que otros podrán explicar mejor que yo, el término delincuente tiene en Italia una carga negativa mucho más fuerte que en cualquier otro idioma hablado en Europa. Para traducir de forma clara y contundente lo que pienso de la cosa Berlusconi utilizo el término en la acepción que la lengua de Dante le viene dando habitualmente, aunque sea más que dudoso que Dante lo haya usado alguna vez.

Delincuencia, en mi portugués, significa, de acuerdo con los diccionarios y la práctica corriente de la comunicación, “acto de cometer delitos, desobedecer leyes o padrones morales”. La definición asienta en la cosa Berlusconi sin una arruga, sin una tirantez, hasta el punto de parecerse más a una segunda piel que la ropa que se pone encima.

Desde hace años la cosa Berlusconi viene cometiendo delitos de variable aunque siempre demostrada gravedad. Para colmo, no es que desobedezca leyes sino, peor todavía, las manda fabricar para salvaguarda de sus intereses públicos y privados, de político, empresario y acompañante de menores, y en cuanto a los patrones morales, ni merece la pena hablar, no hay quien no sepa en Italia y en el mundo que la cosa Berlusconi hace mucho tiempo que cayó en la más completa abyección.

Este es el primer ministro italiano, esta es la cosa que el pueblo italiano dos veces ha elegido para que le sirva de modelo, este es el camino de la ruina al que, por arrastramiento, están siendo llevados los valores de libertad y dignidad que impregnaron la música de Verdi y la acción política de Garibaldi, esos que hicieron de la Italia del siglo XIX, durante la lucha por la unificación, una guía espiritual de Europa y de los europeos.

Es esto lo que la cosa Berlusconi quiere lanzar al cubo de la basura de la Historia. ¿Lo acabarán permitiendo los italianos?

© EDICIONES EL PAÍS S.L. – Miguel Yuste 40 – 28037 Madrid [España] – Tel. 91 337 8200


Cuando a la ignorancia se agrega la necedad …

21 febrero 2009

-          “Oye –le dije a un funcionario conocido mío y que trabaja muy cerca de la Gober Mentirosa- no vayan a cometer la burrada de construir el Museo de la Civilización Maya en Chichén Itza …”.

-          “Fíjate que en dos reuniones convocadas para analizar el proyecto, tanto Esma como Godoy se lo dijeron a la Gobernadora, pero es ella la que está decidida a hacerlo allí y, tú sabes, con la terquedad de la Señora no hay nada qué hacer…”. 

Así que todo apunta para que la Ñora del Justam haga valer sus ovarios y cometa una burrada más: se dilapidarán decenas, más de cien millones de pesos, en un Museo que resultará poco efectivo para aumentar el número de visitantes y de difícil acceso –virtualmente vedado- al grueso de la población yucateca, que debiera ser el principal objetivo a atender con la operación de ese Museo.


Universitarias III: La disyuntiva en el campo educativo, trabajar con la locomotora o empujar desde el cabús.

5 diciembre 2007

Por José Luis Sierra V.

A las universidades llega el estudiantado con todos los rezagos y las carencias del sistema educativo que se arrastran en México, que son muchos y graves. Repasemos el lastre que cargamos: aversión a la ciencia; carencia de métodos de estudio; poco ejercicio de la lectura y menos aún de la escritura; enseñanza memorista; contenidos educativos obsoletos; desaliento a la iniciativa personal, a la investigación sistematizada y al trabajo en equipo, entre otras carencias y/o deficiencias.

¿Por qué entonces planteamos como prioridad para el desarrollo atacar las deficiencias en el nivel universitario y no, como parecería lógico, atender los rezagos desde abajo, desde la primaria? Por tres razones, de mucho peso: la primera, porque resulta más sencillo y factible trabajar con una población estudiantil y de maestros más reducida, en un ambiente en el que son menores las resistencias al cambio y a la superación. (estamos hablando de una relación de a 1: por cada 12 maestros de primaria o secundaria, tenemos uno en educación superior. A eso agréguele el grado de apoltronamiento laboral y humano).

La segunda razón: porque el o la estudiante universitaria puede ser factor de su propia evolución, por razones de edad y madurez personal, por su experiencia de la vida y por sus valores y convicciones, entre las que contarían las aspiraciones personales y profesionales. (Nada más considere la fuerza transformadora que podría representar un Servicio Social Universitario cabal y responsablemente organizado).

Y la tercera razón tiene que ver con cuestiones estratégicas: las experiencias en el desarrollo de países como China, la India, Corea, Malasia y, antes, Italia o Japón, han demostrado más conveniente ocuparse en dotar de fuerza y mayor potencia a la máquina que mueve al tren social, en vez de empeñarse en que cada carro tenga movimiento por sí mismo. Trabajar en los “sectores de punta” resulta más rendidor, desde el punto de vista de la sociedad y su desarrollo, que canalizar recursos y políticas, de manera preponderante, al “combate de la pobreza” o a la atención de los rezagos.

Con esta visión de LOCOMOTORA, si nos ocupamos en mejorar el equipamiento y las instalaciones de los centros de educación superior que operan en Yucatán, si privilegiamos la actualización de sus docentes, si nos preocupamos por CONECTAR las necesidades de la sociedad con la comunidad científica, con el quehacer de nuestras casas de estudio, si logramos concertar estas líneas de acción tendríamos, en muy pocos años, universidades cualitativamente distintas y, por consecuencia, una sociedad con capacidades plenas para su desarrollo.

¿Por qué no pensar en un parque industrial (que debería ubicarse en la zona más poblada y deprimida de Mérida, como el sur o el oriente), dedicado a pequeñas y medianas empresas? Ese parque, al que podríamos llamar TECNÓPOLIS, contaría con todas las facilidades para el establecimiento y la operación de pequeñas empresas industriales o de servicios pero, además, estaría directamente supervisado por escuelas técnicas (como el Tec. de Mérida y la Univ. Tecnológica), a fin de que las empresas que allí operaran tuvieran acceso a sistemas administrativos “de punta”, a esquemas productivos innovadores y a una plataforma de comercialización efectiva.

No, no estamos descubriendo el hilo negro. ¿Sabía usted que las empresas que se han establecido en los alrededores del M.I.T de Boston, y que están asesoradas por esta institución, producen más que las que se encuentran en el mítico Silicon Valley californiano? ¿Sabía usted que el proyecto tecnópolis lo adoptó y ya lo puso en marcha el Politécnico Nacional? ¿Por qué no habría de ser posible en Yucatán, si es tan necesario?

Otro ejemplo. Piénsese el impacto inmediato que representaría el hecho de contar con una SUPERBIBLIOTECA (con todos los avances en materia de digitalización y cómputo), que diera servicio a todas las universidades, en vez de que cada centro educativo siguiera dilapidando recursos monetarios y humanos en tener un remedo de biblioteca, siempre rezagada, siempre insuficiente. Y lo mismo se podría hacer en materia de equipos de cómputo y talleres de mantenimiento, en el campo del software y el hardware; de talleres y laboratorios especializados; etc., etc.

¿Que no se puede lograr esto en Yucatán? ¿Y por qué no, si tenemos talento de sobra, si contamos con instituciones de educación superior con urgencias impostergables, si tenemos una sociedad ávida de soluciones? ¡¡Claro, hace falta un concertador, una instancia que agite, que promueva y que coordine!! Descartemos a la Gobernadora, que no se le miran “piernas pa’ jinete” pero …¿podría hacerlo el Dr. Raúl Godoy? ¿Estaría dispuesto don Raúl a encabezar este proyecto que no alcanzó a concretar desde la UADY? ¿Tendríamos que impulsar una instancia “ciudadana”, libre de la contaminación partidista? ¿Por qué no el Consejo Económico y Social para el Desarrollo y la Competitividad de Yucatán? ¿Por qué no?

Mérida, Yuc.; 5 dic. 2007.


Universitarias I: fortaleza que hemos convertido en debilidad…

28 noviembre 2007

José Luis Sierra V.

¿Sabías tú que en Yucatán operan 67 centros de educación superior? ¿Sabías que nuestro estado cuenta con 19 centros de investigación científica? La matrícula en educación superior rebasa los 49 mil alumnos y todos los años egresan entre 9 y 10 mil jóvenes de nuestros planteles universitarios.

Esos datos, duros y fríos, deberían movernos al optimismo pero la realidad a la que se enfrentan los egresados universitarios provoca pesimismo.

¿Cuál es esa realidad? Que menos de una tercera parte de los egresados universitarios desempeñan trabajos relacionados con su especialidad profesional. Y muchos de esos egresados universitarios, que tuvieron suerte para encontrar empleo, reciben sueldos muy bajos, similares al que recibe una recepcionista o un empleado de mostrador. Que en cada cinco desempleados en Yucatán encontrarás tres jóvenes con estudios de preparatoria o universidad.

El mayor nivel de estudios, en vez de asegurar empleo e ingreso, se ha vuelto una desventaja para los jóvenes.

¿A qué se debe esta desconexión entre capacitación y empleo, entre la estructura educativa y la productiva? Lo primero que destaca es el enfoque teoricista que priva en la enseñanza, particularmente en los niveles medio y superior. Le sigue en importancia causal el tradicionalismo de los docentes, los conocimientos obsoletos que transmiten a sus alumnos por la falta absoluta de actualización. Es muy triste constatar que la enorme mayoría de los maestros en funciones son “analfabetos funcionales” en materia de cómputo y, por tanto, reacios a integrar este instrumental tecnológico a la enseñanza y al acervo profesional de sus educandos.

Se explica con todo lo anterior el cáncer que corroe a nuestra educación: el bajo, bajísimo nivel de calidad. Los buenos profesionales que egresan de nuestros centros de estudio deben su nivel al esfuerzo personal y al ambiente familiar, más que al proceso de enseñanza/aprendizaje o a los incentivos que les brinde el sistema escolar.

Un dato revelador y descorazonador, la UADY, nuestra máxima casa de estudios sólo cuenta con dos programas de doctorado, DOS DOCTORADOS: uno en Educación y otro en Veterinaria, nada más. La calidad de la universidad actual se mide por los post-grados. Eso significa que la UADY arrastra entre veinte y treinta años de rezago, en cuanto a la calidad de la enseñanza que en ella se imparte y por el grado de avance de los conocimientos que allí se transmiten.

En mi blog dedicado al Desarrollo de Yucatán se ofrece una plataforma estratégica para relanzar la calidad de la educación superior, así como la divulgación científica y tecnológica. En el blog se muestran unas ideas breves y esquemáticas, que cuentan con un respaldo estadístico y de análisis muy amplio. Si quieres mayor información después de haber entrado a la ventana PROYECTOS DETONANTES DEL DESARROLLO (la dirección del blog es: http://yukatanrepublik.wordpress.com) comunícate conmigo al través de la red y te hago llegar más material al respecto.

Mérida, Yuc. 27 nov. 2007.


La vergonzosa historia del Príncipe Bobo y de la Nobleza de Itzimná…

22 abril 2006

Por: José Luis Sierra V.

El Miramar de la nobleza criolla.-

Hay algo en el aire fresco de la tarde que levanta recuerdos y tiempos idos. Quien lo dude, decídase a pasear las calles de Itzimná, apenitas baje el calor, cuando las hojas acumuladas en las escarpas empiezan a cobrar vida. Yo lo hago, para encontrarme con las señoritas Alonso, las tres muy delgadas, de “punta en blanco”, como si trataran de hacer honor al mote de “las Obleas”. Las tres meciéndose en los corredores, acariciadas por la primavera que la ceiba de junto descarga en forma de pochote.

Hay algo en el aire fresco que le permite murmurar historias. Quien quiera probarlo tómese la molestia de esperar la caída de la tarde para adentrarse en Itzimná. El otro día, al pasar frente a un huach-restaurante con nombre de puerta me topé con un cortejo que salía de la casona. No, no habían ido a merendar, era una familia que salía del arzobispado con cincuenta años de atraso. Habían ido al bautizo de una beba, hablaban del arzobispo Ruiz Solórzano y de su parentesco con don Lázaro, el Presidente de México. Nomás a la vuelta, por donde ahora está la Volkswagen, se pueden escuchar clarito los versos de Max Salazar, el célebre “Poeta del Crucero”.

Si está usted frente a las tortas María Elena, acérquese a la casona de la esquina, aguarde un instante, vale la pena esperar, tal vez le toque oir una de las peroratas de Perico Peón, un personaje que, como ocurre con los de alcurnia, dominaba a la perfección el difícil arte de “vivir sin dar golpe”. Como Perico, una retahíla de Peones (Pimpín, Bi, Álvaro, Agustín, Huachito, Ana María, Fausta…) se avecindaron en Itzimná en busca de la paz que el ruido vehicular y el trasiego comercial hicieron huir de sus palacetes del centro o del Paseo de “los Montejo”. Como los Peón, decenas de familias “de abolengo” voltearon sus ojos y sus apellidos al viejo suburbio de Itzimná, que otrora albergó los bohíos y las quintas finisemaneras de las familias de postín.

Algo tienen las calles de Itzimná que, al paso de los trenes y de los años, se convirtieron en el vecindario de la vieja aristocracia henequenera, la nobleza criolla que continúa habitando en el México de Maximiliano y Carlota. Nobleza criolla que piensa que el mayor crimen de la Revolución fue hacer creer a los indios que podían ser iguales a “los blancos”. Nobleza criolla cuyos privilegios les enseñaron que, en la democracia, hay y habrá “unos más iguales que otros” y que eso son ellos: d-i-s-t-i-n-t-o-s, familias d-i-s-t-i-n-g-u-i-d-a-s, las de abolengo, las de estirpe porfiriana.

Los Laviada Arrigunaga llegan a Itzimná…

En esa marejada de apellidos en busca de su Miramar meridano, de personajes urgidos de estirar el pasado para seguir viviendo de él, fue como llegaron los Patrón Laviada a Itzimná. Ocuparon una casita de “medio pelo”, al lado del Seminario, facilitada seguramente por algún pariente. Los Laviada, pertenecen a la estirpe de los LA-VIA-DA y A-RRI-GU-NA-GA, apelativos de tanta prosapia que dotaron al apellido Patrón del retintín de aristocracia del que carecía el patronazgo de los Patrón, un apellido de nuevos ricos.

A los tsiritses Patrón se les conoció como los “matalotitos”, por ser hijos de “el matalote”. Y, desde niños, “los matalotitos” fueron testimonio viviente del éxito genético labrado por la nobleza criolla: desde bebés eran muy solicitados para hacerla de “niños dios” en las pastorelas o de “chambelanes” de quinceañeras ávidas de llegar a ser “damas de sociedad”. Pero a los “matalotitos” les ocurrió, también, lo que suele ocurrir a los vástagos de familias aristocráticas que forman parte de élites cerradas: desde temprana edad, los “matalotitos” dieron muestras inconfundibles de haber llegado tarde al reparto de neuronas. La trayectoria de los Patrón Laviada y de tantísimos portadores de apellidos “de abolengo” nos hacen saber que, como las casas reales europeas, nuestra nobleza criolla reproduce varones físicamente bien dotados, tan atractivos que parecen arrancados de revistas de modas. Como las casas reales europeas, nuestra nobleza criolla, a fuerza de cruzar sangres y miedos ha propiciado la degradación genética, lo que en lenguaje común y corriente se denomina “la idiotización de la especie”.

Por si lo anterior no bastase, la errancia y las penurias económicas que enmarcaron la niñez de los hermanos Patrón Laviada, marcaron también sus vidas con la sed de dinero (rasgo muy sentido y harto desarrollado entre “los Patrón”) y con el resentimiento social (característica muy activa entre las familias “de abolengo”). Todos estos factores, combinados, explican la transformación experimentada por los hermanos Patrón Laviada tan pronto tuvieron acceso al poder y gozaron de impunidad para cometer toda clase de excesos.

La sociedad yucateca ha podido conocer, en los cinco años de Gobierno de Patricio Patrón, cómo una partida de “jóvenes de la mejor sociedad” se mareó con los humos del poder, arrastrados por la prepotencia y por la corrupción. El poder convirtió la vida personal y familiar de los panistas en un auténtico desastre, pero más allá de lo privado, su desempeño público ha resultado verdaderamente gravoso para la sociedad yucateca. Y esto último es lo que a nosotros nos interesa. Pasemos entonces a analizar el impacto social y político que representó la entrega del mando estatal a un advenedizo de la política, el “Príncipe Bobo” de nuestra historia.

¿Asociación o conversión?: la aristocracia y la cleptocracia…

Si queremos entender cómo un personaje como Patricio Patrón llegó a gobernar Yucatán, necesario es considerar la función que cumple el cultivo entre los yucatecos. El cultivo se finca en un atributo de la sociedad, que es la capacidad para detectar las debilidades humanas y para hacer de ellas un factor de manipulación.

Patricio Patrón Laviada fue detectado por el grupo que controla política y socialmente a las fuerzas de la derecha. No es por casualidad que este mismo grupo controle la especulación financiera en Yucatán, particularmente las operaciones ilegítimas de apropiación de tierras de origen ejidal, la mayor fuente de enriquecimiento que existe en la Península. Pues bien, este poderoso grupo supo ver en Patricio Patrón al personaje que podía ser utilizado como “figurín” en una contienda electoral fincada en la mercadotecnia y, una vez que alcanzase el cargo de Gobernador, hacer de él un decidido promotor de toda clase de tropelías jurídicas, de las operaciones de saqueo que el “Gobierno del Cambio” convirtió en proyectos públicos, con la excusa de ser para el desarrollo de Yucatán.

¡Y vaya que los cálculos de estos modernos y ejemplares “apóstoles de la democracia” resultaron certeros! En cuestión de meses pasaron a manos privadas las 7 mil hectáreas que conformaban las “reservas territoriales” de Mérida. Ya de salida, dispuestos a celebrar “el año de Hidalgo”, atravesaron al “Príncipe Bobo” en una serie de proyectos inmobiliarios que rayan en la piratería, como fue la “venta de garage” de los terrenos de Altabrisa; o el magafraude que armaron con más de mil hectáreas de Ciudad Caucel; o la increíble trampa –increíble por burda- que pretenden hacer con METRÓPOLISUR; o la manera cínica como se han “cedido” tierras de la COUSEY para el desarrollo de un fraccionamiento de alta plusvalía –el Yucatán Country Club- sin que los promotores tengan que soltar un centavo por adelantado.

Por paradójico que resulte, la devastación territorial y los daños materiales que propiciaron los huracanes Isidoro, Emily y Wilma, resultaron providenciales para el Príncipe Bobo que nos gobierna, ya que a lo largo de su gestión dispuso de cifras estratosféricas de dinero y recursos materiales que pudo repartir sin control y sin supervisión, ya que provenían de los fondos para emergencias del Gobierno Federal. El dispendio al que me refiero dio paso a operaciones escandalosas, como el fraude que cometieron Cosme Mares y su esposa Josefina Hernández en la carretera Mérida-Kantunil, con la abierta complacencia de nuestro Príncipe Bobo. También se hizo evidente en las elecciones federales del 2003 y en las locales del 2004, abusos que fueron demostrados en su momento y que obligaron a renunciar a la Directora del FONDEN. Gasto dispendioso y delictivo, como sucede ahora mismo, de nueva cuenta, en los municipios del oriente yucateco, de cara a las elecciones de julio próximo, con recursos federales asignados para solventar los daños que dejó el ciclón Wilma en la entidad.

Si el filibusterismo con que se conducen los “patricios” ha resultado gravoso para el erario público y para el desarrollo de Yucatán, no lo ha sido menos para el PAN. La corrupción, el tráfico de influencias, el nepotismo, el uso del aparato judicial y del policial para perseguir a sus contrarios, la impunidad jurídica, la atmósfera de ilegalidad que se respira hoy en la política yucateca asfixia al panismo, partido que dejó de lado los principios y perdió en unos pocos años el prestigio que supo labrar como fuerza opositora.

(Este artículo apareció publicado en “La Revista Peninsular”, nro. 861, del 21 abr. del 2006).


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.