¿Nuevos fantasmas del Viejo Oeste?

10 febrero 2011

Casas deshabitadas

Dulce María Sauri Riancho (Diario de Yucatán; 9 de febrero de 2011)

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La zona metropolitana de Mérida, que incluye a Umán, Kanasín, Progreso y Ucú, está sembrada de fraccionamientos de los llamados “de interés social”, con casas adquiridas con créditos del Infonavit. Sin embargo, no todas las viviendas están ocupadas, ni siquiera utilizadas como tienditas de barrio o para proporcionar algún servicio. El fenómeno de las casas abandonadas forma parte del problema de las nuevas colonias y fraccionamientos. Es difícil entender las razones para dejar sin ocupar una vivienda, después de batallar durante largo tiempo para lograr el crédito para comprarla y pagar los abonos mensualmente vía descuento del salario. ¿Qué sucede?

Para obtener una respuesta, el Infonavit encargó un estudio sobre vivienda deshabitada en el país que permitiese conocer la dimensión de este problema que representa alrededor del 25% de las casas-habitación en las zonas urbanas de México.

El estudio arroja ya algunos interesantes hallazgos. De la vivienda financiada por el Infonavit en el periodo 2006-2009, poco más de dos terceras partes (68%) está habitada; seis de cada 100 viviendas se ocupa para un uso distinto de habitación (son las tienditas y los pequeños negocios) y un alarmante 26%, es decir, 26 casas de cada 100, está deshabitado.

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Una casa deshabitada es presa fácil de la depredación y el saqueo; les roban tubería, muebles de baño, puertas y ventanas, y en casos extremos se vuelve refugio de malvivientes y grave problema para los vecinos. De acuerdo con los resultados del estudio, casi la mitad de los predios desocupados, 11 de cada 100 viviendas construidas por el Infonavit entre 2006 y 2009, está en ese estado.

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En 2010 se otorgaron 12,178 créditos de vivienda del Infonavit en Yucatán y 1,711 del Fovisste. El Infonavit estima que la demanda total en las zonas urbanas de Yucatán para 2011 es de 10,648 casas nuevas necesarias y 7,669 acciones de mejoramiento, es decir, menos de 19,000 unidades. Se ha anunciado la reducción de 15% de los subsidios federales para la construcción de vivienda de interés social, manifiesta preocupación para el gobierno estatal y la Cámara de la Industria de la Construcción. Independientemente del resultado de las gestiones de la gobernadora para recuperar los recursos recortados, es necesario prestar mayor atención al fenómeno de la vivienda desocupada en Yucatán. No sólo se trata de construir viviendas y colocar los créditos, sino de crear las condiciones para mejorar la calidad de vida de las familias que se trasladan a su nuevo hogar. Con servicios de calidad, escuelas cercanas, transporte barato y oportuno, cercanía a los centros de trabajo y seguridad pública, la misión estará realmente cumplida. Mientras, los nuevos fraccionamientos seguirán como las poblaciones fantasmas del Viejo Oeste.

 

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La falta de inversión pública y el deterioro de la competitividad dan al traste con la economía yucateca.

30 mayo 2010

La economía va a la deriva

Estancamiento en algunos sectores y caída en otros.

Félix Ucán Salazar (Diario de Yucatán; 30 mayo 2010).

Reciente estudio del INEGI sobre el Producto Interno Bruto (PIB) de los 32 estados del país revela que en 2008 la economía de Yucatán se estancó al caer la producción y el empleo.

En el primer año completo de la gobernadora Ivonne Ortega Pacheco se perdió el ritmo de crecimiento del PIB del 5.6% que hubo de 2003 a 2007 y se desplomó al .2%, ante la crisis y la falta de proyectos detonantes, entre otros factores, afirma Marco Antonio Gutiérrez Pérez, académico de la Universidad del Valle de México.

El estudio del INEGI, publicado en marzo, se liga a la caída de Yucatán en el ranking de competitividad, del lugar 15 al 18, que dio a conocer el 19 de mayo el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey.

Competitividad Otro estudio, de la consultora AREGIONAL, indica que en 2009 —el segundo año de Ivonne Ortega— Yucatán cayó del lugar 17 al 20 en el “Indice de competitividad sistemática de las entidades federativas”, debido, entre otras cosas, a la baja inversión productiva y la falta de una política de desarrollo económico.

Marco Gutiérrez Pérez, experto en el tema económico, dice que de 2003 a 2007 Yucatán fue el sexto estado con mayor crecimiento, con un 5.6% en promedio, por arriba de la media nacional, pero en 2008 se estancó.

“El fenómeno se debe a varios factores: en principio cayó la inversión y el consumo, que juntos representan el 83% del PIB. Si se caen eso dos pilares, se cae la economía”, afirma el especialista, ex director de análisis de la desaparecida SEDEINCO.

“Un tercer factor es que tampoco hubo inversión en obra pública e infraestructura, al menos no la suficiente. Un cuarto factor es la caída en las exportaciones yucatecas”, abunda.

Gutiérrez Pérez dice que, según el INEGI, en 2008 el sector primario yucateco (agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca) cayó un 8.1% y el sector secundario (industria) bajó un 7.5 por ciento, ambos comparados con 2007.

“El mayor impacto del sector secundario se observa en la industria de la construcción, con una caída del 15.4%. En la industria manufacturera fue del 2.9%. Ambas tienen efectos muy serios en el nivel de empleo.

“Y el sector de la minería, que en Yucatán agrupa a los llamados materiales no metálicos, como la grava, arena, polvo, cal y la cantera, la contracción fue impresionante, de un 28.9%.

El profesor de la Universidad del Valle de México indica que el único sector que mostró crecimiento fue el terciario, que son los servicios, con un 3.5%.

“Apenas mantuvo a flote la economía de Yucatán, fue el salvavidas. En este sector destacan los servicios financieros y seguros con un crecimiento del 28.8% (del 3.5% global), seguido por los servicios de salud con un 9.5%”, afirma Gutiérrez Pérez.

“En tercer lugar están los hoteles, alimentos y bebidas con el 5.6% y los servicios inmobiliarios con el 3.9%. El comercio creció en un 3.6%”, indica el especialista.

Crecimiento nulo “A pesar de estos datos, el balance indica que el crecimiento fue nulo. Y por la tendencia, 2009 estaría peor, se esperan datos nada positivos”.

Según la proyección del INEGI, en 2009 Yucatán habría tenido un decrecimiento del 4.6%, lo que significa que en sólo dos años (2008-2009) se revirtió la tendencia favorable del PIB.

En relación con el panorama del empleo en Yucatán, Marco Gutiérrez afirma que, según el IMSS, entre 2008 y 2009 se perdieron 3,544 empleos formales, otro saldo negativo.

“Por otro lado, la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, que incluye hasta los empleos informales, muestra un dato inquietante: entre el cierre de 2008 y el cierre de 2009 en el sector primario se perdieron 3,044 empleos, lo que no augura buenos resultados en la producción de 2009. Para tranquilidad de muchos, los datos serán publicados en 2011”.

“El empleo en la industria yucateca ha estado en caída libre en los últimos tres años, ya que según el INEGI, entre 2007 y 2008 se perdieron 3,311 empleos, pero entre 2008 y 2009 se perdieron 12,888 empleos más, lo que suma más de 16,000 empleos, una cifra por demás alarmante”, advierte el especialista.

La construcción “En los últimos tres años la industria de la construcción perdió 9,413 empleos y en 2009 la industria manufacturera dejó sin trabajo a 7,563 personas.

“Sin embargo, nuevamente el sector servicios sale a flote, con 26,459 empleos generados entre 2007 y 2008, destacando los servicios sociales (educativos, de salud y esparcimiento) con 7,252.

“Le siguieron los servicios financieros, con 5,024 plazas, y restaurantes y hoteles, con 4,151.—


La Gobernadora repartiendo zapatitos y la economía en picada…

23 mayo 2010

Bajó la competitividad de Yucatán en los últimos tres años

Un estudio muestra el desinterés por invertir en el Estado

(Diario de Yucatán; 22 mayo 2010)

Yucatán bajó del lugar 15 al 18 en los últimos tres años, en el ranking de competitividad de los estados de la República, según un estudio del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey (Itesm).

El peor desempeño del Estado en ese lapso ocurrió en el rubro de la economía: la inversión acumulada cayó 26%, lo mismo que la inversión extranjera y el comercio internacional. Aunque el porcentaje de empleo se mantuvo, Yucatán está en los últimos lugares respecto a la seguridad social y los niveles salariales de su población ocupada, concluye la investigación “La competitividad de los estados mexicanos, 2010”, elaborado por el ITESM y dada a conocer el 19 de mayo en la ciudad de México, casualmente un día antes de la masiva celebración del tercer aniversario del triunfo electoral de la gobernadora Ivonne Ortega.

De acuerdo con el estudio, en los últimos tres años Yucatán aumentó poco su nivel de eficiencia para hacer negocios, en tanto el gobierno del Estado descuidó indicadores básicos de competitividad, que dependen directamente de él, como el nivel de egresos por obra pública y acciones sociales per cápita. En este rubro, la entidad ocupa, según el ITESM, el último lugar en el país: destina apenas $71.5 por persona, cuando la media nacional es de $971.2.

.— HERNÁN CASARES CÁMARA


55 mil empresas yucatecas, con uno o dos empleados, INEGI.

23 mayo 2010

Pocas empresas locales grandes

De 85,844 que hay, sólo 13 tienen más de mil empleados

(Diario de Yucatán; 22 mayo 2010).

De las 85,844 empresas privadas en Yucatán, apenas 13 tienen más de mil empleados, según los resultados preliminares del Censo Económico 2009. La mayoría de las empresas, 55,463, tiene cuando mucho dos trabajadores, agrega el documento realizado por el Inegi el año pasado.

Asimismo, el Censo, cuyos resultados definitivos se conocerán en septiembre, sostiene que esas 85,844 empresas pagan $13,727 millones en sueldos al año, casi lo mismo que reparte Quintana Roo, con sólo 30,770 empresas privadas activas.

Los resultados preliminares del Censo Económico destacan que el total de trabajadores empleados en las empresas privadas en el estado asciende a 396,901, de los cuales 135,042, el 34%, lo hace sin recibir sueldo. En Quintana Roo, ese porcentaje es de 16.8%.

Las personas que trabajan gratis lo hacen principalmente en las empresas que tienen de 2 a 8 empleados, que es la mayoría en Yucatán.

De acuerdo con estos resultados preliminares, en el Estado hay 13 empresas con más de mil empleados. En 2004 eran 12.

También hay 32 empresas con una plantilla de 500 a mil empleados; 77, con una de 251 a 500; 258, de 101 a 250 y 21,121 unidades económicas con equipos de 3 a 5 empleados.

Del total de empresas privadas, 36,669 se dedican al comercio; 18,423, a la industria manufacturera; 28,129 a servicios privados no financieros y 2,623 al resto de los sectores.

Las empresas que proporcionan más empleos son las dedicadas a los servicios privados no financieros, que proporcionan 131,395 plazas de trabajo; seguidas de las ubicadas en el sector comercial, 129,404 y en las manufacturas, 85,409.

— Hernán Casares Cámara; hernanc@megamedia.com.m


Aprender de Grecia.

11 abril 2010

La primera crisis del euro

PAUL KRUGMAN (El País; 10 abril 2010).

La crisis de la deuda en Grecia está llegando al punto de no retorno. A medida que se esfuman las perspectivas de un plan de rescate, en gran parte gracias a la obstinación alemana, los inversores inquietos han hecho que los tipos de interés de las obligaciones del Estado se pongan por las nubes, lo que ha disparado el coste de los préstamos del país. Esto hundirá aún más a Grecia en la deuda y minará todavía más la confianza. A estas alturas, es difícil ver cómo podrá el país escapar de esta nefasta espiral hacia el impago.

Es una historia terrible, y sin duda una lección con moraleja para el resto de nosotros. ¿Pero cuál, exactamente, es la moraleja? Sí, Grecia está pagando el precio de la irresponsabilidad fiscal de antaño. Pero la historia no acaba ahí ni mucho menos. La tragedia griega también ilustra el grave peligro que supone una política monetaria deflacionista. Y esa es una lección que uno espera que los responsables políticos estadounidenses se aprendan de memoria.

La clave para comprender los apuros de Grecia es que no se trata simplemente de un problema de deuda excesiva. La deuda pública de Grecia, del 113% de su PIB, sin duda es alta, pero otros países han hecho frente a niveles de deuda similares sin sufrir crisis. Por ejemplo, en 1946, Estados Unidos, recién salido de la Segunda Guerra Mundial, tenía una deuda federal equivalente al 122% del PIB. Sin embargo, los inversores estaban relajados, y con razón: durante la década siguiente, la relación entre la deuda y el PIB se redujo a casi la mitad, lo que disipó cualquier preocupación que la gente pudiese tener respecto a nuestra capacidad para pagar lo que debíamos. Y la deuda como porcentaje del PIB siguió cayendo en las décadas siguientes, hasta alcanzar un mínimo del 33% en 1981.

¿Y cómo se las arregló el Gobierno de EE UU para pagar la deuda contraída en la guerra? En realidad, no la pagó. A finales de 1946, el Gobierno federal debía 271.000 millones de dólares; a finales de 1956, esa cifra había aumentado ligeramente, hasta los 274.000 millones de dólares. La relación entre la deuda y el PIB no cayó porque la deuda se redujese, sino porque el PIB subió y, medido en dólares, casi se duplicó en el transcurso de una década. La subida del PIB medido en dólares fue consecuencia casi a partes iguales del crecimiento económico y de la inflación, con un PIB real y un nivel de precios general que subieron alrededor de un 40% entre 1946 y 1956.

Desgraciadamente, Grecia no puede esperar una evolución similar. ¿Por qué? Por el euro. Hasta hace poco, ser miembro de la zona euro parecía algo bueno para Grecia, y traía consigo préstamos baratos y grandes entradas de capital. Pero esas entradas de capital también provocaron inflación; y cuando la música paró, Grecia se encontró con unos costes y unos precios muy alejados de los de las grandes economías europeas. Con el tiempo, los precios de Grecia tendrán que bajar. Y eso significa que, a diferencia de lo que pasó en EE UU tras la guerra, cuando parte de la deuda se esfumó gracias a la inflación, Grecia va a ver la carga de su deuda aumentada por culpa de la deflación. Y eso no es todo. La deflación es un proceso doloroso, que invariablemente afecta al crecimiento y al empleo. De modo que Grecia no va a librarse de la deuda mediante el crecimiento. Por el contrario, tendrá que hacer frente a su deuda con una economía que, en el mejor de los casos, estará estancada.

Así que el único modo en que Grecia podría dominar su problema con la deuda sería mediante recortes en el gasto y subidas de interés feroces, medidas que por sí mismas empeorarán la tasa de paro. No es de extrañar, por tanto, que los mercados de obligaciones estén perdiendo la confianza y llevando la situación al límite.

¿Qué se puede hacer? La esperanza era que otros países europeos llegasen a un acuerdo que garantizase la deuda griega a cambio de una estricta austeridad fiscal. Eso podría haber funcionado. Pero sin el apoyo alemán, un acuerdo así no puede alcanzarse.

Grecia podría aliviar un poco sus problemas abandonando el euro y devaluando su moneda. Pero resulta difícil saber cómo podría hacer eso sin desencadenar una catastrófica huida de su sistema bancario. De hecho, los depositantes preocupados ya han empezado a sacar dinero en metálico de los bancos griegos. No hay soluciones buenas para esto; de hecho, no hay soluciones que no sean terribles.

¿Pero cuáles son las lecciones para Estados Unidos? Por supuesto, que deberíamos ser fiscalmente responsables. Sin embargo, eso significa atajar los grandes problemas a largo plazo, sobre todo los costes sanitarios (en lugar de fanfarronear y ser tacaños en el gasto a corto plazo para ayudar a una economía en peligro).

Pero hay otra cosa igual de importante: tenemos que mantenernos alejados de la deflación, e incluso de la inflación excesivamente baja. A diferencia de Grecia, no nos toca cargar con la moneda de otro. Pero como ha demostrado Japón, hasta los países que tienen su propia moneda pueden caer en una trampa deflacionista.

Lo que más me preocupa de la situación de EE UU ahora mismo es el clamor cada vez mayor de los halcones de la inflación, que quieren que la Reserva Federal suba los tipos (y que el Gobierno federal suprima el estímulo económico) aun cuando el empleo apenas ha empezado a recuperarse. Si se salen con la suya, perpetuarán el paro masivo. Pero eso no es todo. La deuda pública de Estados Unidos será manejable si finalmente volvemos a un crecimiento vigoroso y una inflación moderada. Pero si ganan los que defienden la restricción monetaria, eso no sucederá; y podría pasar cualquier cosa.

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