El salinismo, la primavera del OPUS DEI en México…

José Luis Sierra V.

A pesar de ser cuestión trascendente, los medios de comunicación han callado la pertenencia al OPUS DEI, tanto de Enrique Peña Nieto como de Francisco Rojas, ambos hermanados por el salinismo y por el objetivo central de éste: recuperar la Presidencia de México en el 2012.

Integrantes distinguidísimos del equipo de Salinas de Gortari, la filiación opusdeísta de los dos políticos mexiquenses deja entrever un reacomodo en las alianzas del salinismo. Es muy posible que, al decaer la influencia de Girolamo Pigrione en el Estado Vaticano, Carlos Salinas supo ver la importancia de renovar sus nexos con la Curia Vaticana ocupando el espacio que quedó vacío por el escandaloso derrumbe de Maciel y los Legionarios. ¿Y qué mejor aliado para lograr ambos objetivos que los rivales históricos de los Legionarios, los integrantes de “La Obra de Dios”?

Como es sabido, la Curia Vaticana se guía por el dicho ancestral de “obras son amores y no buenas razones”, de ahí que el NUEVO PRI, el del retorno salinista, haya tenido que dar pruebas contundentes del conservadurismo que decía respaldar. Las pruebas están a la vista: son ya 14 estados, los que han sembrado en el texto de sus constituciones un candado en contra del aborto, estableciendo de paso que los derechos de las personas comìenzan al momento de la concepción. Esta aberración jurídica (para no meternos en los terrenos éticos) fue posible imponerla en esos 14 estados, gracias al voto de los diputados del PRI en los respectivos congresos. ¿Y saben ustedes, amables lectores, cibernautas amigas, de dónde y de quién vino “la línea”? ¿Imaginan ustedes quién se encargó de “concertar” un compromiso de esta naturaleza con la cúpula episcopal mexicana?

Así que, lo que veremos en la legislatura recién iniciada, será lo mismo que se ha visto en el Estado de México en los cuatro años de Gobierno de Enrique Peña Nieto: maridaje con la Iglesia de los Ricos (Obispo Cepeda; anulación matrimonial de La Gaviota); compromiso político-pastoral de la estructura eclesiástica (promoción del voto); exclusión y hostigamiento a la Iglesia de los Pobres (Samuel Ruiz, Vera y los defensores de los derechos humanos). Todo lo anterior como parte de la estrategia de desmantelamiento del Estado Laico que el régimen de Carlos Salinas se encargó de alimentar con particular empeño y buenos resultados, a diferencia del gobierno de Vicente Fox.

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