Populismo Pibil: el Gobierno de Yucatán, en bancarrota…

José Luis Sierra V.

En estricto sentido, el Gobierno de Ivonne Ortega no es más malo, por ineficiente, que el de su antecesor, Patricio Patrón Laviada. Sin embargo, dos factores relevantes pesaron en favor del panista y de su Gobierno: uno) los 4 mil 500 millones de pesos que el Gobierno Federal destinó a Yucatán, en gasto o en inversiones diversas, a resultas del huracán Isidoro. Recursos que el Gobierno del Estado pudo manejar políticamente en los cuatro años que siguieron al meteoro. Dos) los recursos extraordinarios por concepto de exportaciones petroleras que, a lo largo del sexenio, llegaron a Yucatán y que sirvieron para solventar una administración dispendiosa e ineficaz.

Ivonne Ortega supo capitalizar en su campaña el descontento popular que generó y alimentó la manera tan desigual como se repartieron esos fondos, privilegiando a unos pocos en demérito de los más pobres. Por paradójico que parezca, el reparto tan desigual también generó fracturas en la élite, entre quienes se sentían excluídos o minimizados y los pocos que recibieron a manos llenas. Fractura similar se registró al interior del panismo por los privilegios que cobró el laviadismo a costillas de los distintos “ismos” (que los panistas no reconocen pero sí alimentan con yucateca alegría), confrontaciones que no han podido superarse hasta el día de hoy.

Para fines de este análisis resulta relevante recordar la manera como Ivonne Ortega intentó reeditar la aventura financiera de Isidoro al reclamar, en su primer año de Gobierno, fondos extraordinarios por los supuestos daños del huracán Dean (en este momento sus intentos los funda en daños supuestos por la sequía ¡¡en 93 municipios!!).

Si bien la ex-señora Ortega contó con recursos provenientes del petróleo en sus primero 18 meses de Gobierno, al empezar 2009 esta fuente se cerró, poniendo al Gobierno de la dzemuleña en un brete ya que los gastos de administración se habían disparado 30% sobre los niveles del Gobierno anterior, que a su vez los había acrecentado en una proporción similar (es evidente que La Catrina no heredó el sentido de austeridad administrativa que, sin lugar a dudas, distinguía al cerverismo “de verdad”). Peor todavía, para Yucatán y para los yucatecos: el corte festivo y dispendioso de la Ñora del Justam, impuso a su Gobierno una serie de compromisos financieros, sumamente onerosos, que difícilmente puede desconocer o disminuir por el riesgo político que conllevan. Nos referimos al gasto en publicidad, al gasto declarado y al no declarado  (TELEVISA, TV Azteca, SIPSE, Radio Fórmula, Por Esto y, en menor medida, los periódicos y grupos radiofónicos locales); al financiamiento a grupos sindicales y organizaciones que ha utilizado como fuerzas de apoyo o grupos de choque (taxistas y transportistas, maestros, secretaría de salud y “ola roja”, ganaderos, alcaldes, entre otros); y, desde luego, a toda la logística que reclaman, por un lado, la “cercanía con el pueblo” (programas asistencialistas; reparto de “apoyos” como si fuesen regalos de la Gobernadora; reparto de dinero, en vez de programas productivos, a pescadores, apicultores, maiceros y familias pobres) y, por otra parte, el posicionamiento de Miss Dzemul como figura nacional: festejos por el día del niño, un mes, además de Chabuelo y Tataratiana; Feria de Xmatkuil, un mes; Fiestas Patrias; Otoño Cultural; giras a los pueblos; Conciertos en Chichén; convenciones nacionales “compradas” y atendidas a todo trapo…

No pretendo relatar a mis lectores y lectoras yucatecas lo que conocen de manera directa y reiterada, sólo hice esta revisión para contar con base suficientemente sólida para el diagnóstico de la situación actual y de lo que nos espera. Cuando apenas se ha podido completar el dinero para nóminas de los empleados del Gobierno, se deben a proveedores y contratistas casi 500 millones de pesos. Más grave aún, ya se gastó el dinero que estaba destinado para algunas inversiones. No se cuenta con los recursos para el pago de aguinaldos y, todavía peor, la falta de información sobre los recursos del ISSTEY llevan a pensar que se ha echado mano a los fondos de pensiones de los empleados estatales.

¿Quiere usted añadirle algún detalle o matiz a este panorama para que resulte más desolador? Pues simplemente póngase a considerar que este inmenso gasto, en su totalidad, ha sido para el día con día, se ha ido en pitos y flautas, ha sido gasto dispendioso. Poco, muy poco para no decir que nada, se ha destinado a inversiones. NO SE HA REALIZADO, con dinero estatal, UNA SOLA OBRA DE TRASCENDENCIA. Ninguna. Nada se ha hecho para relanzar la producción del campo que, por el contrario, se encuentra en el peor de los abandonos. Nada se ha hecho para mejorar las oportunidades de empleo para los jóvenes, particularmente para los 10 mil muchachos y muchachas que todos los años egresan de nuestros centros de educación superior. ¿Desarrollo industrial? ¿Uso de nuevas tecnologías? ¿Desarrollar la Sociedad del Conocimiento? Por favor, si estamos en la jarana con 12 mil parejas y en los conciertos de relumbrón para tratar de impresionar al hombre blanco, así tengamos que pagarle un millón de dólares a embajadores de ese mundo: Plácido Domingo, a Sarah Brightman y a sir Elton Jones…

Dos ejemplos muy sensibles, que dan cuenta de la postración en que nos encontramos: hace un año, una pipa de combustible se incendió bajo uno de los puentes del periférico dañando gravemente una parte del mismo. La reparación corrió a cuenta de la Secretaría de Obras estatal. Cuatro meses después de este accidente, la Secretaría de Comunicaciones del Gobierno federal empezó la construcción de dos pasos a desnivel: uno, en el periférico, frente a la Facultad de Matemáticas y el segundo, sobre la carretera de Progreso, en el cruce de Dzityá. Mientras la SCT está a punto de terminar los dos puentes nuevos, la Secretaría de Obras estatal NO HA PODIDO CONCLUIR LA REPARACIÓN del que le correspondió.

El otro ejemplo, es el abandono de un proyecto que debió ser prioritario: el Parque Científico y Tecnológico, localizado en las inmediaciones de Sierra Papacal. Después de la ceremonia de “la primera piedra”, de los discursos y de la foto de la entonces señora Ortega, después del uso mediático del proyecto, éste se abandonó por completo. Debemos decir, como lo escribí en su momento, que el proyecto en marcha no tuvo la planeación que se requería ni la madurez que exige un tema innovador en una sociedad estancada. Pero su abandono no se debe a que se haya recapacitado, no es resultado de una decisión, sino falta de la misma, es manifestación de la inercia que nos arrastra de hace años y que el actual Gobierno amenaza con convertir en permanente.

La situación descrita nos remite a considerar las razones que se esgrimen para solicitar un crédito multimillonario, para embarcar a Yucatán en una aventura que no tiene salida ni futuro. Ojo, se piden cientos de millones de pesos, se requieren mil 500 millones para TAPAR HOYOS, no son para financiar proyectos de inversión redituables, no son para la construcción de infra-estructura, no, son para pagar deudas adquiridas en el pasado, para alimentar, para aceitar una maquinaria onerosa e ineficiente, como es el Gobierno que encabeza Ivonne Ortega. ¿Y para el año que entra, cuantos millones serán necesarios? ¿Y después?

Terminamos con el anuncio de lo que viene: el Gobierno de Yucatán se encuentra en la bancarrota financiera sin haber sembrado bases para tener, para asegurarnos un futuro mejor.

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