La mula no era arisca…los mandarriazos la hicieron: apuntes para documentar la GUERRA SUCIA.

José Luis Sierra V.

No, no es que sea yo un especialista en materia de seguridad pública. Tampoco tengo nexos con personas que se desempeñan en esas esferas. Pero tengo en cambio dos cosas que parecen no tener los altos mandos de la inteligencia nacional y, tampoco, los editores del los periódicos y noticieros nacionales. La primera cosa es que no soy tonto, por lo menos tengo SENTIDO COMÚN. Y lo segundo es que todavía me queda algo de memoria, la suficiente para recordar lo que leí en los periódicos de la semana anterior.

¿A qué viene todo esto, te preguntarás amigo, amiga cibernauta? Pos na’, que ví y leí desplegados en todos los periódicos del país y de los noticieros, notificando la muerte, tras feroz y prolongado tiroteo, del peligroso y buscadísimo Arturo Beltrán Leyva, quien decidió entregar vida y piel antes que rendirse. Igual ocurrió con media docena de leales y preparados guardaespaldas.

Lo que no ví en las decenas, cientos de fotografías que se publicaron o en las tomas televisivas, no ví armas ni casquillos en torno a los cadáveres ni en el suelo de las amplias estancias. NO APARECIÓ UN SOLO CASQUILLO de los miles que debieron percutirse, tampoco se veían cajas regadas ni cargadores vacíos, como debe suceder en cualquier refriega armada. Los cadáveres aparecían, todos ellos, de espaladas al piso, en medio de las estancias, ninguno parece haber muerto cerca de ventana o puerta, como debiera suceder en un tiroteo. Y lo más llamativo: NO APARECIÓ NINGUN ARMA, ninguno, contraviniendo la lógica de cualquier tiroteo y la manera como las pistolas o los rifles quedan atenazados por las manos que los disparaban al momento de morir.

No es que yo sea quisquilloso, pero más me parece que el supuesto tiroteo en los condominios Altitude fue un montaje para “APARECER LOS CADÁVERES” de quienes fueron detenidos, con vida y con anterioridad a la fecha establecida. Las fotografías divulgadas dejan saber, sin lugar a dudas, que los narcos FUERON FUSILADOS, de ninguna manera murieron en medio del tiroteo que las autoridades montaron con el mismo guión de la “detención” de Florence Cassez o la liberación del futbolista Rubén Omar Romano.

¿Que es un exceso de mi parte lanzar tan aventurada conjetura? Les devuelvo la duda: ¿ustedes creen que si Cuernavaca estuvo en virtual ESTADO DE SITIO entre el miércoles 9 (día en que se celebró la narcofiesta con Ramón Ayala y “Los Cadetes de Linares”) y el miércoles 16 (día del supuesto enfrentamiento con el grupo compacto del Barbas Beltrán), ustedes creen que el Estado Mayor Presidencial hubiese permitido que estuviera en Cuernavaca el presidente Calderón, su esposa y, por lo menos, cuatro secretarios de Estado? Sí, esto sucedió el sábado 12 por la noche, en las instalaciones del Hotel Sumiya, en donde se celebró la boda de Max Cortázar, el encargado de prensa de la casa presidencial.  Así lo informó, con detalle, la prensa nacional.

¿No sería que, para ese entonces, al Alto Mando de los Beltrán ya había sido detenido y estaban, con vida, en manos de las autoridades mexicanas o, tal vez, de la DEA?

¿No habrá sido que esperaron a que Felipe Calderón estuviera en la Cumbre de Dinamarca para entregarle como trofeo el cuerpo acribillado de Arturo Beltrán pa’ que se luciese entre sus homólogos jefes de Gobierno?

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