La frustración. Ivonne Melgar (Excelsior)

Ivonne Melgar (Excelsior; 19 jun. 2010).

Lo dramático es que el mandatario veracruzano es un maestro de eso que las leyes electorales no pueden castigar

El escándalo se llama Fidel Herrera Beltrán. Pero el nombre es lo de menos. Pronto la escaramuza mediática por su ostentosa billetera con dinero público y capacidad para comprarlo casi todo, pasará sin que nada pase.

Lo dramático es que el mandatario estatal es un maestro de eso que las leyes electorales no pueden castigar, de eso que sus compañeros de partido presumen como el “nosotros sabemos cómo hacerlo”, de eso que los panistas nunca supieron desmontar aún cuando entraron desde hace diez años a Los Pinos.

Por eso en el gobierno federal se optó por un ex priista, Miguel Ángel Yunes, para dar la batalla electoral del PAN en Veracruz.

Y no sólo porque se supiera que el ahora ex panista Gerardo Buganza sería neutralizado, como las grabaciones lo hacen suponer, sino porque existe conciencia de lo titánico que resulta vencer lo que Felipe Calderón denominó el jueves como “el viejo modelo”, cuyas prácticas, admitió el Presidente, persisten no sólo en el reparto clientelista del erario, sino también en la conformación del presupuesto que se aprueba en el Congreso.

Lo trágico es que la frustrada transición política mexicana encuentra voz en los diálogos ilegalmente alambreados al político priista. Porque ahí se atascó la democracia, en la cotidianidad estatal de una forma de ejercer el poder que no se ha sustituido con éxito.

Con excepción de Baja California, Guanajuato y Jalisco, donde el PAN ha logrado refrendarse en las urnas con sus propios cuadros, en el resto de las entidades que ya probaron la alternancia blanquiazul, los gobernadores de ese partido acabaron devolviéndole el mando a los tricolores (Chihuahua, Yucatán, Querétaro y San Luis Potosí, en ocasiones de manera casi deliberada como ahí con Marcelo de los Santos).

Y si bien la alternancia comandada por el PRD parece tener mejores resultados, en cuanto al mantenimiento del poder en el DF, Baja California Sur, Chiapas, Michoacán y Zacatecas, no podemos obviar el común denominador de que en la mayoría de los casos los protagonistas se formaron en la lógica y en la logística tricolor.

Los gobernadores perredistas fueron o son ex priistas y pasaron por la escuela política que con tanta holgura, talento y cinismo ejerce Herrera Beltrán.

Quizá no sea gratuito el hecho de que la única política ciento por ciento formada en la llamada izquierda, Amalia García, esté a punto de devolverle el gobierno estatal al PRI, luego de una lucha encarnada con su antecesor, el ex priista Ricardo Monreal, quien ahora desde el Partido del Trabajo y con su hermano David Monreal, candidato a gobernador de éste, casi la han descarrilado, lo que obliga al PRD a buscar una tregua pactada con los hermanos.

Esa es la gracia política de quienes conocen el ABC del mal llamado viejo régimen: saben negociar, acordar, cooptar, comprar, corromper, repartir.

Con márgenes acotados cuando se trata de entidades con un sector empresarial fuerte, como en el caso del norte del país, los gobiernos del PRI se mueven a sus anchas si el rezago social es mayor.

Y en los procesos electorales controlan desde la asignación de los espectaculares, hasta “el préstamo” de las plazas públicas. Si no que le pregunten a Xóchitl Gálvez, candidata en Hidalgo por la alianza PAN-PRD-PT, quien se ha topado con obstáculos que si no fueran muestra del autoritarismo con que puede operar el gobernador Miguel Osorio Chong serían material de comedia. Imagínese: amenazar a los dueños de los salones de fiestas para que no se lo renten a la oposición.

Control sin contrapesos. Eso es lo que el protagonista del escándalo presume haber realizado con el maletín del dinero de por medio, y un secretario de finanzas designado ex profeso para que nadie quede fuera, porque según el propio Herrera Beltrán, si se quiere ganar una elección, la consigna es que “hay que darles a todos”.

Si bien todavía no se decide entre alegar que su voz es una invención tecnológica o acusar de espionaje al gobierno federal, el veracruzano sabe que la debilidad institucional está de su parte, que nada pudo hasta ahora con “el viejo modelo”. Ni la llegada de Ernesto Cordero a la Secretaría de Hacienda.

Tal vez, raspado, una vez fuera de la Casa Veracruz, el gobernador verá esfumadas antes de lo previsto sus aspiraciones de ir a la dirigencia nacional del PRI o a la pasarela de precandidatos presidenciales.

Lo grave es que la impunidad seguirá ahí, intacta, al igual que la maquinaria del quehacer político que permite el ejercicio “en plenitud del pinche poder”, como él lo ha descrito.

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