¿Tendrá algo qué ver el asesinato de Rodolfo Torre con el de Ruiz Massieu?

Si fueron los mismos, cómo han mejorado en capacitación y logística.

¿Tendrá algo qué ver el asesinato de Rodolfo Torre con el de Ruiz Massieu?

Pasaron tres días con sus noches del asesinato de Rodolfo Torre sin que nadie supiera del gobernador de Mataulipas. No daba la cara, se escurría, ocupado que estaba en colocar al sustituto de Rodolfo, preocupado que estaba en que, otra vez, los diablos sueltos que mataron a Ruiz Massieu lograran abortar su proyecto sucesorio. Una vez que logró amarrar a los diablos y operar el legado en favor de Egidio, hermano de aquél y socio de éste, finalmente dio la cara Eugenio Hernández Flores para decir dos cosas que ya sabíamos pero que, al venir de él, asumen ribetes de mexicana importancia.

Una) que son retehartos los informes y las evidencias que las autoridades han podido acumular a partir de la sorpresiva emboscada. Sorpresiva sólo para Rodolfo Torre y sus guaruras, a juzgar por el titipuchal de datos que conocían los ejecutores y del montonal de “coincidencias” que obraron en su cobijo.

Dos) que no hay certeza plena de que los ejecutores hayan sido los “zetas” y que sigue abierta la hipótesis de las “causales políticas”. O séase, que no se descarta que a don Rodolfo lo hayan ajusticiado la misma mano y los mismos intereses que se echaron a los Ruiz Massieu, sólo que en esta ocasión con mejores operadores y con mayor respaldo logístico.

Ya me imagino la muina que ha de haber sentido en su intestino grueso el tal Geño al ver caer en Casa Mataulipas a Sor Beatriz, en su papel de representante partidaria de Yarrington y la Cía y, por si no bastase con el recuerdo de Raúl y el fantasma de Manuel Muñoz, ver llegar a la mancuerna de los líos (Man-lío y Emi-lío) listos para repetir el chow espiritista del casette de audio, llevando esta vez a Marco Antonio Bernal como posible pitcher tapón para la novena, con dos autes y las almohadillas repletas de suspirantes, todos, todos, fichas de alguien.

Yo no sé mucho de criminalística, ni tampoco tengo acceso a información privilegiada pero, a cambio de una y otra cosa, tengo buena memoria y una vista perspicaz, capaz de desnudar al emperador mejor vestido. Y, por lo mismo, no deja de llamarme la atención la aparición, por enésima ocasión, de los mismos personajes, con los mismos intereses, que han tenido, una y otra vez, comportamientos muy, pero muy parecidos a los que tienen “los malos” de las novelas policiacas. Y si el góber Geño dice que no se puede descartar el móvil político, pos… pos no hay que descartarlo, ¿no lo miran así?

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