Beneficiarios…

Juan Enríquez Cabot (Reforma; 5 Jul. 2010)

Al intentar resolver cualquier crimen la primera pregunta es quién se beneficia. Esta semana se aclaró parte de esta pregunta. Michael Smith de Bloomberg detalló una serie de juicios en Estados Unidos. La historia comienza en abril del 2006, en Ciudad del Carmen, cuando el Ejército decomisa DC-9 con 128 maletas de cocaína. Iba pa’ Toluca. Pero al ver las hebras de cómo se movía esta droga encontraron algo más que curioso. La compra del avión había sido aparentemente “legal y transparente” usado fondos depositados en dos de los grandes bancos de Estados Unidos, Wachovia y Bank of América.

Resulta que no fue incidente aislado. Otros cuatro avioncitos… y Wachovia no se había dado color. Redes de casas de cambio habían lavado módicos 378.4 mil millones de dólares del narco en sucursales de bancos internacionales y nadie sabe, nadie supo. Caray, por qué preocuparse por modesta cifra equivalente a la tercera parte de lo que produce la economía de mexicalpan de laS tunas, salinas, anexas y asociados en un añito.

Martin Woods, de la oficina de antilavado de Wachovia, informó una y otra vez sobre estos pequeñísimos pecados, errores y omisiones. Pero al no hacerle sus jefazos caso alguno pos renunció. Qué delicado muchacho. Sólo fueron 6,700 peticiones de documentos por parte del departamento de justicia de Estados Unidos a Wachovia. Cómo osar pensar que los jefes del negocio se iban a dar cuenta de tales minucias. Total este tipo de pequeños malentendidos sólo ha contribuido a la pérdida de módicas 23,000 vidas en México.

Al fin y al cabo Wachovia/Wells Fargo si pagó. Ciento sesenta millones de dólares. Un réquetemadral pa’ ti o mí pero menos del 2% de las ganancias del banco en el 2009. Otros supuestos involucrados en esta mini-red son HSBC, Santander, Citigroup y American Express Bank International. Ninguno de estos optó por comentar la nota de Bloomberg, pero sí reiteraron que toman réquete en serio la legislación anti-lavado.

Hasta ahora ningún gran banco estadounidense ha tenido que sufrir un juicio formal por lavado de dinero. Después de miles de muertes y miles de millones de ganancias, ningún presidente de gran banco se ha pasado un día en la cárcel. En caso tras caso piden perdoncito. Pagan multa. Prometen no hacerlo de nuevo. Hasta la próxima.

Y aquí el meollo del asunto. Hablamos de un combate contra el narco. Nosotros contra ellos. Más no es así. Hay una simbiosis masiva entre los malosos, la banca, los medios, el financiamiento de campañas, jueces y policías, los bienes raíces, automotrices, agencias de viaje, galerías de arte…

Lo que vivimos es un proceso que describen los colombianos Garay, Salcedo y De León en su nuevo libro Illicit Networks Reconfiguring States. Lo que se busca es capturar y cooptar al Estado y a la sociedad. Ésta no es corrupción a menor escala. Es tener la infraestructura para mover y colocar, cada año, por lo menos 1,585 toneladas de billetes de 20 dólares. Y esto significa que la verdadera batalla no es contra sanguinarios sicarios. Es contra una sociedad, sistema político y economía que depende cada vez más de gran negocio. Es entender que antes los narcos pactaban con un comandante, un aduanero, un judicial, un coronel. Hoy compran, cooptan o vetan gubernaturas. Capturan, secuestran o matan a generales y funcionarios del más alto nivel.

La semana pasada famosísimo un ex secretario de Estado, involucrado como asesor de uno de los bancos más fraudulentos en la historia, sale fulgurante a criticar el combate al narco por parte de Calderón. Caray qué blanquillos m’hijo. Lo más triste y grave es que tantos le hacen caso y nadie dice ni pío. ¿Y qué… de paso, no será hora no sólo de aclarar el secuestro del “Jefe Diego” sino también su red de amistades y negocios? Pero bueno, igual nadie objeta cuando dinosaurio tras dinosaurio empieza campaña sobre la promesa de “nosotros sí sabíamos pactar con los malosos. Vota por nosotros y te traemos de nuevo la paz”. Caray, ¿ya se nos olvidó cómo llegamos a estos lares? Según muchas encuestas, sí…

Si en Estados Unidos no pueden, ni quieren, controlar a sus propios banqueros, qué esperanza tenemos por acá de detener a quienes día a día capturan el Estado mismo. Mientras todos los partidos, y diversos funcionarios nacionales y estatales, sigan promoviendo, defendiendo, protegiendo imperfectos criminales una y otra vez… Mientras gobierno tras gobierno pacten concesiones, a minúsculos cárteles de droga, comunicaciones, petróleo, medios, gas, electricidad… Mientras ex presidentes vivan sin pudor en tremendas mansiones y ranchos… Pos ojo con las conclusiones del libro de Garay, Salcedo y De León: cuando las redes formales e informales deslegitiman a los tres poderes, y a los partidos, por otorgar beneficios excesivos a diversos grupos legales e ilegales… cuando la manipulación de las reglas del juego es extrema para beneficio de unos cuantos… la captura del Estado por parte de las fuerzas más violentas se puede volver estructural y permanente.

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