IBÓNICA, UN ENREDO

Mi Stilo y “Adiós guayabera mía”

Por Dulce María Sauri Riancho (Diario de Yucatán; 28 jul. 2010)

Hace unos días se expidió la convocatoria Mi Stilo es Yucatán para constituir un fideicomiso que impulse el desarrollo de productos de moda “de alta calidad”.

Ligada en el tiempo con la presentación de la gobernadora ante la Concanaco en la ciudad de México y al relevo en la titularidad de la Secretaría de Fomento Económico, la invitación va dirigida a empresarios, artesanos y diseñadores de la moda, vestido y calzado, así como joyería, para presentar productos que integren bordados o materiales que caractericen tradiciones locales “con una propuesta innovadora”.

(…)

Una cuestión delicada: el papel del gobierno del Estado. Más allá de la convocatoria está el propósito de fomentar con recursos públicos una marca y una estrategia de mercadeo. ¿Cuáles serán los límites entre la inversión pública y la propiedad privada? Los derechos de propiedad intelectual e industrial: ¿cómo se definirían? Sería muy lamentable que la falta de previsión o la ambigüedad interesada generara condiciones para el despojo a particulares de sus ideas innovadoras; o la apropiación privada de una marca o un canal de comercialización, abiertos con recursos públicos.

Habrá presentación de productos como parte de los festejos del Bicentenario. Y después de las fotos y la premiación: ¿el olvido? Ábito continuará vendiéndose bien en su nicho de mercado, estoy segura. Ibónica seguirá adelante… al menos mientras concluye la actual administración; es una buena idea, con prendas hermosas, aunque su uso cotidiano por parte de destacados personajes políticos como la gobernadora y la presidenta municipal de Mérida puede tener efectos no deseados. Espero fervientemente que supere el llamado “síndrome de la guayabera”. Me explico: En el periodo 1970-1976, el presidente Luis Echeverría decidió vestir esta prenda tradicional yucateca para todas sus actividades gubernamentales. Cómoda, fresca y hermosa, se volvió la moda oficial del sexenio. Los productores yucatecos, primero agradecidos por la generosa promoción, comenzaron a preocuparse conforme se acercaba el final de una administración que dejó resentimientos y confrontación. Hasta una obra de teatro con su nombre se produjo para significar el término del mandato: “Adiós guayabera mía”. La reacción adversa del mercado fue intensa, a punto estuvo de sepultar a una industria-artesanía tradicional yucateca al identificar al mandatario saliente con nuestra prenda típica. Al tiempo.

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